Cuando leo a Roberto Bolaño es como si me montara en una montaña rusa. Subidas y bajadas sin apenas darte tiempo a tomar aliento.
El final del primer libro, cuando Norton cree haber visto a Morini y la silla, y la resolución de esa escena, me parece un prodigio como todo el libro. Acabo de leer esta parte. Lograr que lo no dicho tenga mayor fuerza que lo mostrado, y hacerlo de esa forma en apariencia sencilla, es sola cosa de genios.
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