Cuando leo a Roberto Bolaño es como si me montara en una montaña rusa. Subidas y bajadas sin apenas darte tiempo a tomar aliento.
El final del primer libro, cuando Norton cree haber visto a Morini y la silla, y la resolución de esa escena, me parece un prodigio como todo el libro. Acabo de leer esta parte. Lograr que lo no dicho tenga mayor fuerza que lo mostrado, y hacerlo de esa forma en apariencia sencilla, es sola cosa de genios.
Hoy he ido y me gusta. A pesar del calor, a pesar del viaje. Solo por esos caftanes de colores que anuncian bodas en los monzones merece la pena. Los probadores fantasmas, las imitaciones, las situaciones extrañas, es lo más parecido a un día de Reyes.
Tengo un blog historiado abandonado. Me entró pánico. Saber que me leían quienes me conocían me bloqueó. No fluía nada y empecé a escribir artículos periodísticos especializados en hacer de la anécdota categoría. Me los publicaron en un periódico local y luego me cansé también. Me harté de ver que quería decir cosas y no podía escribirlas. Que sólo podía escribir parapetada en citas sesudas o espigar frases de libros que sí se atrevían a decir lo que yo no me atrevo.
No sé si con este me atreveré. O si romperé el bloqueo. Si tendré fuerza suficiente para seguir.